R.I.P. a la Generación 3% de Mas

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Acosado por la corrupción, los recortes sociales impuestos durante sus últimos mandatos en tiempos de crisis y la falta palpable de solvencia económica, el hasta ayer mismo nacionalismo moderado catalán encarnado en Convergència Democrática de Catalunya (CDC) entra en un callejón sin salida de muy difícil encaje y coyuntura. O refundación o morir. El futuro de Artur Mas, adalid principal de la aventura secesionista catalana, parece a punto de clarificarse: o hacia una huida sin rumbo en el órdago independentista marcado por Junts pel Sí con el empujón cómplice de los antisistema de la CUP, o directamente a la refundación de siglas para mantener en lo posible la fidelidad de un electorado potencial hasta ahora fiel que acude a las próximas elecciones generales del 20-D totalmente desconcertado.

La caída al abismo por corruptelas varias y continuadas del clan Pujol, icono del ‘nacionalismo de Estado’ propugnado desde la Transición hasta ahora, y las decisiones quijotescas de su delfín Artur Mas de abrazar posturas antagónicas ideológicamente como son las de ERC o la CUP, han llevado a Convergència a perder una identidad que a duras penas había mantenido con la equidistancia precisa al negociar políticas de Estado tanto con el PSOE de Felipe González como con el PP de José María Aznar.

Después de 28 años en el poder en Cataluña desde 1980, CDC dice hasta aquí hemos llegado y plantea empezar de nuevo con otra marca y dejar en el camino “todo lo que no sirve”, según palabras textuales de Mas. 41 años después de su asamblea fundacional y con su fundador Jordi Pujol enredado en los tribunales acusado de corrupción, el CDC de Mas pone el punto y final a una etapa que quedará para la historia como la de la Generación 3%.

La cultura del pelotazo y del cobro de comisiones para la financiación ilegal del partido sobrevolará ya para siempre la historia de una formación política que mantuvo durante muchos años el equilibrio institucional entre el Estado español y el empuje de las nacionalidades históricas. La deriva secesionista ha roto la baraja y la guerra abierta entre PP y Convergència ha puesto punto y final a un idilio siempre entre algodones que quizá se ha prolongado demasiado tiempo.

El evasor fiscal Jordi Pujol y su propia confesión fue la espoleta que determinó a su delfín para buscarle fecha de defunción al partido. Sobre todo tras estar también metido en el ajo su propio hijo Oriol Pujol, circunstancia que en su día lo obligó a dimitir de su cargo de secretario general del partido una vez que ya supo que nunca podría suceder a Mas como líder de la formación nacionalista.

Mas quiere camuflar ahora la refundación de CDC en el marco del nuevo Estado que saldrá de la aventura secesionista iniciada junto a ERC y la CUP, pero no podrá evitar que se le relacione directamente con los casos de corrupción que acosan al partido.

La nueva cita electoral del 20-D obliga a Mas y los suyos a apretar el paso si no quieren llegar desfondados a la cita de las generales después de una exhausta carrera independentista que se encuentra en estos momentos encallada en una indefinición palmaria y sin gobierno a la vista tras las reiteradas negativas de los antisistema de la CUP a investir a Mas president. Francesc Homs será el cabeza de cartel de Democràcia i Llibertat, la marca con la que CDC se presenta a las generales el 20-D. Demasiados trajes para una generación política que no podrá ya nunca quitarse de encima el estigma de ese porcentaje maldito, el 3%.

 

 

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