¿Quién es el rival de quién ante el 20-D?

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¿Cómo comienzan esta alocada carrera hacia la Moncloa los líderes de los principales partidos políticos en liza? Aunque el partido (valga el símil futbolístico) comenzó hace ya algún tiempo, probablemente varios años atrás desde que la crisis marcó el destino de este país en 2008 a corto plazo, cierto es que en esta recta final, tanto los actores principales del bipartidismo como los dos nuevos protagonistas principales en liza (Albert Rivera por Ciudadanos y Pablo Iglesias por Podemos) han comenzado a marcar sus particulares hojas de ruta. A partir de ahora, los españoles escucharán por activa y por pasiva pocos y constantes mantras que en ningún caso solventarán las dudas de los votantes. A falta de propuestas, eslóganes de campaña. Es lo que hay, es lo que habrá hasta el 20-D.

De momento, al presidente del Gobierno y líder del principal partido conservador de este país (el otro, Albert Rivera, aún mantiene una inmaculada pátina de centrismo en su corto expediente político) le ha surgido un inesperado rival para el 20-D: él mismo. Rajoy contra Rajoy. Ni Pedro Sánchez, ni Albert Rivera ni Pablo Iglesias. Rajoy sólo se teme a sí mismo. Y se entiende. El líder peor valorado por los españoles según todas las encuestas no teme más que a su propia sombra. Ni siquiera el omnipresente expresidente José María Aznar le causa miedo alguno y lo invita, por el contrario, a sumarse a la campaña como “militante” de base que es. El fuego que no cesa entre un jarrón chino y otro que no quiere serlo pese a ser con diferencia el candidato de más de edad de los cuatro principales en liza.

Tampoco en Ferraz bajan las aguas nada tranquilas tras las últimas encuestas publicadas, en las que el descenso de votantes socialistas se mantiene constante y sin pausa elección tras elección, y posiblemente el 20-D no será una excepción.

Ese voto ‘infiel’ irá a algún sitio, piensan los socialistas. Por ello se han propuesto pescar tanto el voto indeciso como el que abomina ahora del bipartidismo en el centro que representa en estos momentos Ciudadanos, un partido que ha sabido navegar en las aguas mansas del centrismo para mirar con descaro a un lado y otro, derecha e izquierda, para sumar nuevos adeptos a su proyecto liberal.

Por tanto, el PSOE de Pedro Sánchez ya no ve un enemigo en Podemos (en claro retroceso según las encuestas gracias a las incansables campañas en contra de los medios más potentes del país), sino más bien un potencial aliado en caso de necesidad para llegar a Moncloa. De ahí que los fontaneros de Ferraz hayan apuntado a Ciudadanos como enemigo a batir este 20-D, sobre todo temiendo también que Rivera opte finalmente por un pacto de legislatura con Rajoy en vez de con él.

Ciudadanos, mientras tanto, apunta por elevación, y ya se pone a la misma altura que los partidos que históricamente han representado el bipartidismo en este país. Está convencido gracias a las encuestas que puede llegar a Moncloa por la vía rápida y sin tener que ser un simple partido bisagra.

En Podemos, una vez fracasado el intento de unidad de las fuerzas de izquierda para concurrir unidas el 20-D, tendrán que hacer esfuerzos ímprobos para que Pablo Iglesias supere el cansancio que ha reconocido sentir en esta recta final de campaña. Son muchos y variados los factores que han influido en que la fuerza morada haya pasado de ser la primera en estimación de voto a la cuarta, pero uno está claro: su indefinición ideológica y los pasos atrás dados en algunos de sus planteamientos más llamativos (renta mínima, por ejemplo). A partir de ahora solo les queda volver a ilusionar a esa gran masa desencantada de votantes no ya solo con el bipartidismo imperante hasta ahora sino tremendamente desilusionada con la corrupción generalizada y la sociedad injusta amparada bajo el paraguas de la intocable Constitución de 1978.

La carrera no ha hecho más que comenzar. Ocupen su localidad.

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