Portugal rompe con la política de recortes

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Ni dos semanas ha durado el Gobierno más breve de la historia de la democracia portuguesa. El XX Gobierno Constitucional ya tiene nombre para los libros escolares: El Breve. Después de que prosperara una moción de censura conjunta propuesta en el parlamento por las tres fuerzas de izquierdas, aliadas para derrocar al conservador Pedro Passos Coelho, Portugal se enfrenta ahora a un periodo de nuevas incertidumbres y se encamina hacia una nueva transición no del todo clara.

El presidente Aníbal Cavaco Silva decidió que el conservador Passos Coelho, que obtuvo en las recientes elecciones legislativas del 4 de octubre 107 diputados, por 86 de los socialistas, 19 del Bloco de Esquerda y 17 de la coalición de comunistas y ecologistas, tomara de nuevo las riendas del país pese a saber de antemano que los partidos de izquierdas habían llegado a un acuerdo de gobierno poco días antes de esta decisión presidencial. En un acalorado discurso a la nación, Cavaco Silva se justificó para mantener la estabilidad del país en el sometimiento extremo a las políticas de control del déficit y de recortes para mantener la estabilidad económica después de haber superado con éxito un rescate financiero.

Portugal, el alumno aplicado de la Unión Europea, ha salido díscolo finalmente y ahora pasará algo que no ha ocurrido desde la Revolución de los Claveles de 1974: que no gobernará la formación política más votada por los portugueses. La coalición de izquierdas llega al poder con un programa claro contra las políticas de recortes auspiciadas por la UE y sobre todo por Berlín. Estará encabezado por el socialista António Costa, que recriminó al ejecutivo conservador de Passos Coelho su “actitud sumisa ante la Unión Europea; un Gobierno que no responde a la voluntad de cambio de los portugueses”.

Desde la coalición de derechas encabezada por Passos Coelho se recrimina a los socialistas de Costa su incomprensible coalición con comunistas y los afines de Podemos en Portugal, ya que creen que sus posiciones están más cerca de su partido, el PSD, que de sus nuevos socios, el PC y el Bloco.

La Constitución lusa no impone que se vote el programa del partido llamado a gobernar por mandato del presidente a instancias de la voluntad popular, sobre todo para favorecer la permanencia de gobiernos en minoría. Pero lo que sí deja abierta es la puerta a presentar “mociones de rechazo”, que si son aprobadas implican de facto la dimisión del gabinete de ministros, que es lo que ha ocurrido este martes 10 de noviembre.

Este recurso sólo ha salido adelante una vez desde la llegada a la democracia a Portugal. En 1978 prosperó con el independiente Alfredo Nobre da Costa como líder del ejecutivo.

Portugal debe elegir a un nuevo presidente en enero por un mandato de cinco años. Este detalle viene a sumar un nuevo escollo a la estabilidad del país vecino, ya que el Parlamento no se podrá disolver hasta después de tres meses de haberse constituido y el nuevo presidente tampoco podría disolver la cámara hasta pasados tres meses de ocupar su cargo. Por tanto, los próximos meses se presentan inestables en un país que ha sorteado los peores efectos de la crisis con una política de recortes por encima de lo exigido por Bruselas y Berlín.

 

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