PORTUGAL NO ES ESPAÑA, PERO…

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Si Cataluña no es España, Portugal tampoco lo es. Hablamos en términos electorales, no malinterpreten esta afirmación. Las dos citas en las urnas de catalanes y portugueses, autonómicas las primeras y legislativas las segundas, han arrojado dos resultados completamente diferentes pero perfectamente extrapolables para un posible vaticinio de lo que pueda suceder en las elecciones generales de España el próximo 20 de diciembre, cuando los árboles de navidad y los belenes adornen las casas de los casi 50 millones de ciudadanos de este país al tiempo que tienen que decidir el futuro de España para los próximos cuatro años en unos comicios que se antojan históricos y determinantes. Quizá Mariano Rajoy, al haber convocado a los españoles para estas fechas plenamente navideñas, esté buscando una elevada abstención superior al 40% como la experimentada en las elecciones lusas.

Si en Cataluña el envite independentista se ha apuntado un tanto al ganar las elecciones autonómicas pero ha perdido otro si no igual de decisivo, casi, como es el carácter plebiscitario que quisieron otorgarle a la cita electoral del 27-S, en Portugal la troika y las recetas de la alemana Angela Merkel están de enhorabuena. En uno de los países de toda la Unión Europea más castigados por los recortes diseñados desde el eje Bruselas-Berlín y empobrecido hasta límites ni siquiera parecidos a los de sus vecinos españoles, los portugueses han aplaudido en las urnas la política del palo y la zanahoria.

La izquierda, haciendo gala de la imagen de fragmentación que históricamente le acompaña desde sus orígenes, no ha podido evitar que el conservador Pedro Passos Coelho logre revalidar el triunfo para gobernar en Portugal gracias a la coalición formada por las dos únicas fuerzas de derechas del país, aunque esta vez sin mayoría absoluta, pero, eso sí, casi cuatro puntos por encima de los socialistas lusos, que se suman al resto de partidos de izquierdas para copar los escaños de la oposición en el parlamento portugués. Los socialistas han obtenido el 32% de los votos, los comunistas se quedan en el 8% y el Bloco de Esquerda, al que apoya el español Podemos, en el 10%.

En España, los populares se han apresurado a aplaudir los resultados de sus vecinos portugueses porque piensan que ha sido un premio de la ciudadanía al “esfuerzo” realizado estos últimos años ante la crisis más brutal padecida en décadas.

Pero existen elementos que divergen en los paralelismos entre uno y otro país, demasiados factores que hacen vaticinar que los resultados en Portugal y España tendrán poco que ver. Para empezar, el partido vencedor en Portugal, el PSD, no ha tenido un caso Gürtel que les explote en las manos poniéndolo todo perdido de corrupción a su alrededor. Precisamente, el que sí ha tenido que probar los efectos de la prisión ha sido el expresidente socialista José Sócrates, actualmente en arresto domiciliario tras pasar casi un año entre rejas acusado de corrupción y blanqueo de capitales.

Tampoco existe en Portugal un fenómeno llamado Ciudadanos, que capte el voto conservador descontento y acapare el indeciso de centro. Además, aunque la izquierda está multifragmentada tanto en Portugal como en España, en el país vecino el efecto Podemos (Bloco de Esquerda) no ha tenido el tirón que sí ha experimentado en España porque la fuerza de su Partido Comunista es, históricamente, más potente que lo es en el caso español. Y por tanto, el electorado de izquierdas portugués es más fiel a las siglas clásicas del Partido Comunista antes de embarcarse en un experimento nuevo se llame como se llame.

Vistas así las similitudes y diferencias a grandes rasgos, parece evidente que la cercanía entre unos comicios y otros no traerá consigo una extrapolación de los resultados a grandes rasgos, puesto que Portugal no es España, pero…

 

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