Los pasos en falso del bipartidismo

pedro sanchez

El próximo 20 de diciembre se juega este país mucho más que el futuro de los próximos cuatro años. Está en el aire no solo el modelo de país sino también otra forma de hacer política. Los nuevos aires procedentes del 15-M, unidos al descontento ciudadano y las consecuencias de la brutal crisis económica han despejado un panorama completamente diferente e inesperado para las dos principales fuerzas políticas que han alternado hasta ahora la vara de mando gracias a un bipartidismo imperante sin secundarios demasiado relevantes. Hasta ahora. ¿Dará el bipartidismo sus últimos coletazos? ¿seguirá asido al poder con la muleta de los nuevos actores? ¿dejará paso definitivamente a las nuevas corrientes ideológicas?

La ciudadanía ha empezado a alzar la voz y a gritar basta. Basta a la corrupción, basta a la mediocridad de la vida pública, basta al alejamiento de la clase política. Ya no vale solo con pedir perdón por los errores cometidos y los que estén por venir. Una nueva hornada de políticos y corrientes de pensamiento han iniciado una nueva era, tanto política como social. La ciudadanía al fin ha empezado a sentirse escuchada, cosa que hasta ahora no ocurría por unos dirigentes enrocados en su atalaya de marfil, ajenos por completo a los pasos de la calle y los males cotidianos.

Por todo ello, ya no basta con que la maquinaria de marketing de esos grandes mastodontes llamados PP y PSOE comience a engrasar sus fauces para empezar a morder la tarta electoral el próximo 20-D. La gente reclama algo más que fichajes estrella, anuncios más o menos desafortunados y vulgares y sonrisas amables que quieren y no pueden transmitir imagen de unidad y hermandad, merced a puestas en escena impolutas en pleno prime time de los informativos de cadenas amigas. Los ciudadanos quieren que otro mundo sea posible, y para ello no quiere volver a oír más promesas de regeneración de la regeneración de la regeneración. La enésima regeneración.

De ahí que tanto Ciudadanos como Podemos, más la posibilidad de que otras fuerzas de izquierdas se unan bajo el paraguas de Ahora en Común, sean las únicas formaciones que pueden insuflar algo ilusionante al mortecino panorama político español, que llega a este supuesto tramo final de la crisis iniciada en 2008 exangüe y con el fantasma del independentismo llamando con urgencia a sus puertas.

Por todo ello, serán los pasos en falso dados a partir de ahora por los partidos en liza los que decanten el reparto de escaños vía urnas. Y ni que decir tiene que los errores de bulto cometidos ya por los principales actores del bipartidismo los deja de salida en una comprometida situación que las encuestas hasta ahora no han querido reflejar.

El PP es un polvorín interno en el que el previsible batacazo avanzado ya en los resultados de las últimas citas electorales celebradas se pueden quedar en anécdota cuando los españoles acudan a votar para elegir un nuevo presidente del Gobierno el próximo 20-D. Tanto es así que ya corre de forma contagiosa entre sus filas el grito espeluznante de todo naufragio: ¡sálvese quien pueda!

El supuesto nuevo PSOE que está diseñando con las mejores técnicas del marketing moderno el mediático Pedro Sánchez también muestra los peores tics de otras épocas pretéritas en las que la figura del líder era la voz de la conciencia de todos sus feligreses. Sin ir más lejos, la táctica de buscar fuera lo que no tiene dentro entre sus militantes.

Los fichajes de Fernández Ordóñez o de Baltasar Garzón por Felipe González quedan ya muy lejos, e incluso el paso dado por la ‘rojísima’ Rosa Aguilar para formar parte del Gobierno de Susana Díaz en Andalucía es agua de borrajas, pero han marcado precedentes en un partido monolítico demasiado acostumbrado a ser tocado por la mano de ‘dios’.

El caso de Irene Lozano vuelve a traer de nuevo al primer plano del debate la idoneidad de buscar fuera lo que no se tiene en tu propia casa. La decisión unipersonal del secretario general de llamarla a sus filas vía dedazo plenipotenciario, es un error de bulto que la ciudadanía que se considera socialdemócrata no va a tragar así por las buenas, por muchos méritos personales que guarde el currículo de la ex diputada de UPyD. Y todo esto sin recordar el cese ipso facto de Tomás Gómez y la cúpula del PSOE madrileño para amortiguar la caída electoral en las últimas autonómicas con la buena prensa del filósofo y exministro Ángel Gabilondo. Ni manu militari pudo Pedro Sánchez forzar el batacazo electoral en la comunidad madrileña.

La carrera electoral a la Moncloa ha comenzado. Los puestos de salida están claros y la llegada a meta aún lejos, pero algunos se han propuesto correr hacia atrás como los cangrejos y otros aún dan pasos de tortuga. Lo que está por decidir es quién será galgo y quién liebre en esta alocada persecución.

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