La reforma exprés de Rajoy busca aupar su candidatura a las generales

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Los minutos de la basura de la mortecina legislatura que aún resta por disputar de aquí a finales de año que sean convocadas unas nuevas elecciones generales los pretende jugar el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con la ventaja evidente que le otorga el cargo. Sólo él maneja los tiempos, que sin duda intentará que sean en beneficio propio. De ahí que la reforma exprés, anunciada a regañadientes sólo 48 horas después de rechazar cualquier cambio en su Ejecutivo tras el varapalo sufrido por el Partido Popular en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, vaya encaminada a situar las nuevas piezas sobre el tablero de juego con el objetivo de impulsar la estrategia electoral de los populares, que pasan a día de hoy por una única candidatura, y hasta el momento incuestionable pese al runrún constante, la del propio Rajoy.
Desde el PP se ha asegurado que los cambios de Rajoy en ningún caso serán cosméticos o de “chapa y pintura”, aunque tampoco se auguran en profundidad puesto que no va con el carácter de Rajoy y además el tiempo apremia, y echar mano de nuevas caras para asumir cargos que apenas durarán unos meses de legislatura supondría malgastar balas necesarias para un necesario duelo posterior a más alta altura.
La promesa del propio Rajoy de mejorar “la comunicación” en líneas generales, sobre todo con sus potenciales electores después de haber perdido dos millones y medio de votos respecto a la cita con las urnas de 2011, pasa sin duda, entre otros aspectos, por asumir él personalmente tanto la toma de decisiones como el reparto de tareas a desplegar en este final de legislatura. En este esfuerzo de acercamiento al ciudadano, una cara que sin duda está en todas las quinielas para que entre a formar parte del nuevo Ejecutivo es Pablo Casado, tertuliano televisivo, exasistente de Aznar y portavoz popular en la campaña de las últimas europeas. También está cantada la salida del ministro de Educación, José Ignacio Wert, uno de los peor valorados en toda la democracia española.
Otro punto importante a reforzar con una posible nueva vicepresidencia es la imagen que hasta ahora ha dado de aislamiento e impermeabilidad la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, al atrincherarse en su cargo para evitar cualquier implicación con los incontables casos de corrupción que han salpicado a numerosos miembros del partido. Está claro que la vicepresidenta deberá a partir de ahora saltar a la arena política para la lucha cuerpo a cuerpo.
Algo que queda ya a estas alturas de legislatura completamente despejado es que el o los miembros que entren a formar parte del nuevo equipo de Gobierno de Rajoy lo harán solo para apoyar su candidatura a las generales puesto que para el apartado legislativo ya no hay tiempo material, y las leyes que ya están en trámite serán las únicas que se promulgarán en los próximos meses.
También ha quedado claro que Rajoy ha incumplido clamorosamente esa máxima nunca escrita que dice que “los cambios se hacen, no se anuncian”. El anuncio a regañadientes de Rajoy, tan alérgico él a los cambios sonados y a que los imprevistos le alteren el paso, ha servido para que buena parte de la militancia exprese abiertamente su inquietud ante la que se avecina en las filas populares.

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