La llama de la Primavera Árabe sigue encendida

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El espíritu de la Primavera Árabe, personalizado en el Cuarteto Nacional de Diálogo de Túnez, ha sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz 2015 fallado en la capital noruega. Túnez fue el país árabe donde se originó en 2010 este movimiento popular de insurgencia y resistencia contra regímenes totalitarios, a los que se les reclamaba una apertura inmediata a la democratización de sus instituciones y organismos nacionales.

De aquella llama quedan hoy muchos rescoldos y pocos resultados visibles. Quizá el más positivo sea precisamente el de Túnez, que paradójicamente ha sido uno de los países árabes donde últimamente más ha querido golpear el terrorismo yihadista con dos atentados prácticamente sucesivos en escaso margen temporal.

Cuando el terrorismo amenazó la transición democrática de Túnez en el verano de 2013 se creó esta agrupación compuesta por la Unión General Tunecina de Trabajo, la Confederación de Industria, Comercio y Artesanía de Túnez, la Liga de Derechos Humanos y la Orden Tunecina de Abogados. El Comité Noruego del Nobel ha elegido a estos candidatos entre 273 posibles por “su contribución decisiva para la construcción de una democracia plural en Túnez a raíz de la Revolución de los Jazmines en 2011”. La presidenta del Comité, Kaci Kullmann Five, explicó que “el Cuarteto estableció un proceso político alternativo y pacífico en un momento en el que el país estaba al borde de la guerra civil”.

El fenómeno extensivo de la Primavera Árabe prendió rápidamente en pocos meses en una gran mayoría de países árabes con regímenes totalitarios y con fuertes déficits democráticos. Pero su evolución fue muy dispar en todos y cada uno de ellos, constituyéndose Túnez como el primero y uno de los pocos en los que ha desembocado en una estructura democrática estable.

El milagro de Túnez se debe, según la presidenta del Comité Nobel a que este país magrebí “ha presenciado una transición democrática basada en una vibrante sociedad civil que exige respeto por los derechos humanos básicos”. El Cuarteto, ha desempeñado en este caso un papel decisivo en las últimas elecciones democráticas de Túnez, “allanando el camino a un diálogo pacífico entre ciudadanos, partidos políticos y autoridades, y ayudó a encontrar soluciones basadas en el consenso para un amplio rango de retos ante las divisiones políticas y religiosas”, según las argumentaciones para la concesión del prestigioso galardón. Este papel llega a ser comparado con los “congresos de la paz”, mencionados en las últimas voluntades de Alfred Nobel como uno de los requisitos para recibir el galardón más prestigioso del mundo.

El Comité Nobel espera que el Cuarteto galardonado salvaguarde la democracia en su país, un caso considerado “único y remarcable”, ya que sirve para evidenciar que los movimientos políticos islámicos y seculares pueden trabajar conjuntamente y también que “la sociedad civil a través de instituciones y organizaciones puede desempeñar un papel crucial en los procesos democráticos, ya que éstos aún estando amenazados pueden conducir a elecciones libres y al traspaso pacífico de poderes”, argumenta el Comité Nobel.

Por último, los organizadores del premio esperan que este galardón concedido a Túnez sirva como “inspiración” para todos aquellos que buscan promover la paz y la democracia en Oriente Medio, el resto del norte de África y también del mundo.

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