El terrorismo machista

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Necesaria la protesta multitudinaria del 7 de noviembre de la sociedad civil, pero igualmente maltratada.

La primera y multitudinaria manifestación celebrada el pasado 7 de noviembre en Madrid para denunciar la violencia machista que causa año tras año decenas de mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas sentimentales ha servido indudablemente para dar plena visibilidad social a una lacra inaceptable en pleno siglo veintiuno, pero indefectiblemente también ha dejado claro que las batallas ganadas hasta ahora no han permitido dar por finalizada una guerra milenaria que aún se antoja larga y brutal aunque se atisbe luz al final del túnel gracias a la concienciación ciudadana. Pese a todo, cualquier esfuerzo es poco porque queda aún mucho camino que recorrer, y qué duda cabe que el movimiento feminista ha sido clave a la hora de concienciar y visibilizar correctamente una problemática que no es en absoluto nueva pero sí igual de inaceptable que en el origen de los tiempos.

Apenas unas horas después de este clamor ciudadano por las calles de la capital, cinco mujeres más se han sumado a la deleznable lista de asesinadas por sus parejas o exparejas en este país. Y van contabilizadas 1.378 mujeres desde 1985.

Casi medio millar de organizaciones feministas se dieron cita en Madrid con lemas como “Del imponer sale el pegar y matar”, “Nos queremos vivas, basta ya”, “No es moral, ni es amor, el maltrato soportar”, “El machismo es un crimen contra todos”, “Machismo, cobarde terrorismo”, “La violencia no tiene género”, “016. Denuncia el maltrato”, “Nos están matando” o “Educación machista, ni a chicos ni a chicas”, mientras los manifestantes coreaban: “Si tocan a una, nos tocan a todas”, “Disculpen las molestias, nos están asesinando”, “¡No estamos todas, faltan las muertas!”.

Así, la realidad constata en apenas dos días una verdad indiscutible: somos terriblemente humanos, capaces de unirnos ante loables causas comunes para mejorar a la especie humana y de caer al mismo tiempo en la animalidad más atroz que ni el más animal de los animales es capaz de cometer ante sus semejantes, ni impulsado siquiera por sus más primigenios instintos.

En esta reflexión visceral se encierra no una explicación ante un comportamiento animal inaceptable, sino una verdad suprema de difícil rectificación: en la mente humana, en la mente del asesino machista se encierra el comportamiento de un ser normal, no de un enfermo, sino de un ser tan humano como usted o como yo en el que se funden los fusibles de la racionalidad por algún misterio aún no detectado en su totalidad por la sociedad, la ciencia o la justicia. No obstante, ninguna justifica el comportamiento. Tal vez los gobiernos deberían asumir de una vez un proyecto tan preventivo como el de la lucha antiterrorista.

En este sentido, el hombre como género es un exponente importante de esta teoría de lo terriblemente humano que intento desarrollar para abordar con garantías un problema tan acuciante y complicado como es el de las violencias machistas. También las mujeres como seres humanos forman parte de lo terriblemente humano, y como consecuencia sin generalizar, no me estoy refiriendo a las víctimas sino a las que no lo son, también pueden errar el foco del problema como pueden hacerlo los hombres.

Cabe preguntarse, apenas unos días después de tan importante manifestación ciudadana contra la violencia machista y solo unas horas después de las últimas muertes contabilizadas por este motivo, cómo de terribles somos los humanos, en este caso hombres, que seguimos actuando con una frialdad implacable y persistiendo en errores que no conducen a ningún puerto. Entonces, ¿por qué siguen ocurriendo estos casos de violencia sobre las mujeres? Sencilla y brutal respuesta: porque somos terriblemente humanos, y por ende posiblemente no nos merecemos ni siquiera la categoría de humanos y mucho menos la de animales, que sólo de la más profunda animalidad basada en instintos de supervivencia y medio podría cualquiera de ellos matar , aunque casi imposible a un igual.

Las estadísticas se encargan de desmontar una y otra vez ciertos bulos que no por reiterados se vuelven más reales. Ni la nacionalidad ni la condición social de las que provienen víctimas y verdugos son condiciones determinantes que expliquen en parte estas muertes. Tampoco merecen crédito alguno los que enarbolan mensajes como el de que la violencia no tiene género. Es tan ridículo el porcentaje de violencia ejercida sobre el hombre que no merece la pena detenerse un instante a explicar este punto.

¿Bajo qué premisa se puede definir una persona como monárquica o republicana? Quizá la respuesta está sencillamente en que ambas son opciones que no tienen nada que ver con sentirse de derechas o de izquierdas, aunque todos sabemos qué llevan aparejadas una y otra opciones ideológicas. Pues igual ocurre también con el feminismo, que no es más que un sentimiento, ni de derechas ni de izquierdas, sólo un sentimiento de conciencia social colectiva que se plantea avanzar en la consecución de la igualdad entre géneros para erradicar de una vez por todas cualquier atisbo de violencia ejercida sobre las mujeres.

Las mujeres deben participar más directamente en esta causa contra las desigualdades de género y la violencia machista otorgándoles una mayor visibilidad a las mujeres que encabezan a diario esta lucha desde organizaciones feministas comprometidas con su propia ideología en primer lugar, sin estrategias de siglas de ningún partido político. Sin embargo, desde mi punto de vista y con el máximo respeto y consideración, también estas activistas deben reflexionar y hacer un voto de autocrítica para reconducir algunas posiciones maximalistas que no llevan más que al enfrentamiento y la falta de entendimiento entre géneros, como la generalización a la hora de valorar algunos comportamientos calificados desde el punto de vista “psicológico”.

Qué duda cabe que el feminismo es también un sentimiento humano incuestionable, además de justo y necesario para alcanzar una mejor concienciación colectiva, pero evidentemente para luchar contra la violencia machista deben optar por reconducir nuevas vías de entendimiento desde la libertad de optar por un camino u otro en su lucha contra los violentos, y como decía anteriormente, la consideración desde las administraciones publicas con el fin de establecer normas preventivas desde acuerdos institucionales junto a una justicia más sensible y comprometida contra estas acciones terroristas.

 

 

 

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