El fantasma del Aznar de las Azores entra en campaña

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Del 13-N al 20-D sin pasar por Cataluña ni por la situación económica de presunta recuperación, o sea, el peor de los escenarios posibles para el PP. La masacre de París también ha entrado de lleno en la campaña electoral española y ha desplazado, por el momento, las estrategias y prioridades de las formaciones políticas en liza. Cuando menos lo esperaba y deseaba, el presidente español, Mariano Rajoy, ve cómo el fantasma del Aznar de las Azores se pasea de nuevo por la Moncloa y, antes de volver a cometer los mismos errores de unilateralidad, quiere tener cómplices para un nuevo cometido bélico de carácter internacional como ya lo fueron la presencia española en Afganistán, Irak o Líbano.

Rajoy es consciente de que las decisiones unilaterales no dan buenos réditos electorales y menos cuando se trata de implicar a un país en una guerra internacional de consecuencias hoy imprevisibles. Por ello quiere el Gobierno implicar a los principales partidos, como ya lo hizo hace unos meses con el PSOE de Pedro Sánchez, aunque antes quiere que cualquier intervención conjunta de España con otros países en Siria pase por una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y previo visto bueno del Congreso de los Diputados.

La coyuntura preelectoral que vive España, con las cámaras parlamentarias disueltas de cara a las elecciones generales del 20-D, aconsejan desde cualquier punto de vista que sea el nuevo Gobierno que salga de las urnas el que tome la decisión final.

Pese a ello, Rajoy está abonando el terreno y ha pedido ya una “respuesta política coordinada y común en lo sustancial en España”, según fuentes de La Moncloa. Para ejecutar esta respuesta Rajoy se ha comprometido a compartir todos los datos de que disponga con los principales líderes de la oposición.

En esta línea de moderación generalizada sobre el tema del terrorismo del Ejército Islámico y de la guerra de Siria mostrada incluso por el PP de Rajoy en comparación con el PP de Aznar en Irak, sobresalen las declaraciones altisonantes del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, reclamando que España envíe ya tropas sobre el terreno, una petición que a día de hoy ni siquiera han hecho suyas los países afectados ni tampoco la coalición internacional que está bombardeando posiciones de los terroristas.

Por el contrario, en Moncloa, tras el contacto informativo mantenido por Rajoy con Iglesias, han destacado el “sentido de Estado razonable” del líder de Podemos y también el entendimiento que mostró Iglesias para hablar de la guerra en Siria. Iglesias recriminó a Rivera que “con sus aspavientos y su sobreactuación belicista se parece mucho al Aznar de las Azores”.

Así las cosas, Rajoy no quiere que la campaña electoral tome la única bandera del debate en torno a “guerra sí, guerra no” y que gire pausada y sigilosamente hacia un complicado entendimiento mutuo de todas las fuerzas políticas. A estas alturas es complicado saber hasta qué punto la estrategia económica-nacionalista del PP para volver a ganar las elecciones se complica inopinadamente si el asunto de guerra contra el terrorismo del ISIS acapara toda la actualidad informativa. Lo que parece claro es que Rajoy no quiere bajo ningún concepto que el fantasma del Aznar de las Azores pasee sus cadenas por Moncloa ni por una campaña electoral tan crucial para España como es la del 20-D.

 

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