El bipartidismo no estaba muerto, estaba de parranda

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Al mismo tiempo que los debates electorales y la presencia de los principales candidatos a la presidencia del Gobierno de España –con alguna que otra destacada excepción– comienzan ya a saturar el espectro televisivo, las encuestas se suceden a ritmo vertiginoso en medios de comunicación de diferentes tendencias ideológicas. Prácticamente todas ellas mantienen una misma tendencia con leves variaciones de lo que podrá suceder tras el cierre de los colegios electorales el próximo 20 de diciembre.

El Partido Popular de Mariano Rajoy volvería a ganar las elecciones, pero muy lejos ya de aquella mayoría absoluta que obtuviera el 20-N de 2011. En segundo lugar seguiría el PSOE de Pedro Sánchez, aunque alguna encuesta ya le otorga un empate técnico con el Ciudadanos de Albert Rivera.

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Otro dato que también parece despejarse tras las encuestas de estos últimos días es que Podemos no solo no levanta el vuelo sino que comienza a despegarse hacia abajo de sus tres principales adversarios. En quinto lugar, y ya a una distancia aún más considerable se situaría la opción de Unidad Popular liderada por el coordinador general de Izquierda Unida, Alberto Garzón.

Todo parece indicar que el fin del bipartidismo que se cantó a los cuatro vientos tras las elecciones europeas de 2014 fue solo un espejismo que se rompió al poco tiempo, porque tanto PP como PSOE aguantan a la perfección, para sorpresa de todos, todo lo que les ha llovido encima relacionado con la corrupción y los recortes, principalmente a la formación que lidera Rajoy.

La táctica preparada por los asesores del presidente del Gobierno para abordar esta decisiva y compleja campaña electoral no difiere mucho de la personalidad “en plasma” que se ha encargado de alimentar por deméritos propios el propio afectado. De hecho, Rajoy sigue siendo uno de los líderes nacionales peor valorados por la ciudadanía española según los datos del propio CIS, dependiente del Gobierno.

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Será por todo ello que la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ha tenido que tomar el volante y ponerse a los mandos: lo mismo baila con coreografía incluida en un programa televisivo que se suelta el pelo en un coche todoterreno a toda pastilla o acude, sin ser candidata a la presidencia del Gobierno, al principal debate a cuatro preparado en esta campaña electoral del 20-D. “Somos un equipo”, argumenta Sáenz de Santamaría sin mucho poder de convencimiento, sobre todo teniendo en cuenta que Rajoy sí está acudiendo a otro tipo de programas y entrevistas más amables, como el de TVE con Bertín Osborne. Pero, a diferencia del presidente, Sáenz de Santamaría no vive en Moncloa ni pretende vivir los próximos cuatro años, ¿o sí?

img_pplaza_20151128-221708_imagenes_lv_otras_fuentes_cu7x8e9woaaiigx-kHDI-U30458923970m6D-992x558@LaVanguardia-WebLa estrategia popular barrunta unos resultados malos o muy malos para el 20-D, y posiblemente Génova esté ya preparando la carrera de la vicepresidenta hacia el relevo del liderazgo del partido en caso de fracaso estrepitoso de Rajoy.

Algo que parece definitivamente aclarado es que esta campaña electoral promete emociones fuertes, mediáticamente hablando, porque los principales candidatos se han ofrecido a pecho descubierto a montar el numerito, ya sea bailando, tocando la guitarra, montando en kars, viajando en globo o haciendo zumo de frutas en casa de Bertín Osborne.

Y si la cita de 2011 sirvió para comprobar la fuerza de las redes sociales a la hora de hacer llegar los mensajes electorales de los partidos, estas generales del 20-D están sirviendo ya para devolver a la televisión la importancia decisiva que ya ostentó durante décadas en detrimento del resto de medios, que ocupan un segundo lugar muy alejado del primero. Por ello, tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias o Albert Rivera se suceden en cascada en los mismos programas televisivos vendiendo sus bondades como líderes que quieren disputar el sillón al hombre que más aversión le tiene al cara a cara. Por algo lo llaman el hombre-plasma.

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Y las polémicas, mientras tanto, se suceden. Al desnudo integral de una ya exconcejala de Ciudadanos en una conocida revista de tirada nacional se suma el celo con el que el líder del PSOE oculta su reclamada tesis doctoral y también la facilidad con la que la ofrece a la ciudadanía en su integridad el líder de Podemos.

Desde noviembre de 2012, Pedro Sánchez tiene el título de Doctorado en Economía y Empresa por la Universidad Camilo José Cela (UCJC) de Madrid. Iglesias, por su parte, es doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense de Madrid desde 2008 por su trabajo titulado Multitud y acción colectiva postnacional: un estudio comparado de los desobedientes: de Italia a Madrid (2000-2005).

 

 

 

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